Bruce Chatwin: La incesante escritura en marcha

Por Samuel Bonastre Martín

Es difícil intentar construir una carrera en periodismo y que Bruce Chatwin te sea ajeno. Personalmente no concibo la manera de escribir que sólo echa datos y análisis sobre el lector y no se detiene a narrar, a crear, a contar cada experiencia como la historia tan fantástica que se esconde detrás de esos datos. Por ello, la Masterclass impartida por Isabel López sobre la vida y obra de Bruce Chatwin, su manera de escribir y ver el mundo es de tanta importancia para la profesión.


“Fusionó realidad y ficción rompiendo las fronteras tradicionales entre lo que era periodismo y lo que era literatura, creando un género que ahora es como concesional… el yo está por encima de lo que se está narrando”

Estas palabras que Isabel nos dirigió permiten tomar como referente a un escritor que en su día se erigió como un revolucionario escritor. Nos invitan a crear y a distinguirnos en un entorno en que se ha generalizado un egocentrismo que no pone en el foco lo que es realmente importante: contar una historia.

Si tomo de referencia mi trabajo de fin de Máster, es imperativo para mí contar la historia que lleva el babka a sus espaldas. De no ser así, sería como escribir una biografía simplemente con puntos de una lista que podría hacer cualquiera para ir a la compra. La complejidad del babka y todo el simbolismo que se le asocia no permite que sea tratado con tal desdén. Cada trenza, cada capa de chocolate, canela y mermelada esconde detrás la tradición de la familia a la que pertenece.


Me gustaría pensar que mi manera de ver el mundo y todo aquello que lo habita sea parecida o se pueda inspirar en alguien como Bruce Chatwin, alguien que convirtió la idea del espíritu nómada en el trabajo de toda su vida. El indagar constantemente en su propia inquietud, sin parar de moverse para ampliar más sus horizontes y dejarlo todo por escrito. Y, sobretodo, el creer que estamos en un constante viaje, que no solo nos estamos moviendo físicamente a un lugar, sino que también vamos a vivir y experimentar sabores, olores y tradiciones, entre otros, que nos permitirán maravillar a cualquiera que escuche nuestros relatos.

Al final del día, escribir —como viajar— es una forma de búsqueda. Bruce Chatwin entendió eso mejor que nadie: que la escritura no es un destino, sino una manera de andar por el mundo, de mirar con esa curiosidad insaciable y dejar que las historias nos atraviesen antes de ponerlas sobre el papel. Esa lección, tan simple y tan difícil a su vez, es la que más resuena en mí.

Quizá por eso me aferro a la idea de que cada historia merece ser contada con la misma honestidad con la que se vive. Que no se trata solo de enumerar hechos, sino de capturar la emoción, la duda y la belleza que los envuelven. Que escribir es, en el fondo, una manera de no dejar que nada se pierda del todo.

Si algo me llevo de Chatwin es esa necesidad de moverse, no solo en el espacio, sino en el pensamiento. De mirar el mundo con los ojos bien abiertos y el cuaderno siempre cerca. Y de creer, como él, que la mejor historia es aquella que todavía no hemos terminado de recorrer.

Este artículo forma parte de las prácticas realizadas por los alumnos del Máster en Periodismo de Viajes y Máster en Periodismo Gastronómico de la School of Travel Journalism.

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