Por Samuel Bonastre Martín
Una imagen vale más que mil palabras. Seguro que todos estamos hastiados de oír este tan ampliamente repetido refrán. Y es que es cierto: presentar una primera cara atractiva a potenciales clientes es primordial si queremos sobrevivir a la jungla periodística y ser seleccionados para colaborar con los distintos medios que nos propongamos. Por ello, y echando la vista atrás otra vez, en esta ocasión me gustaría rescatar de todas las clases recibidas en este Máster la de Diana Melo en materia de construcción de un media kit adecuado. En ella, Diana nos invitó a pensar en qué ramificación del periodismo gastronómico nos sentíamos más cómodos y, sobretodo, cómo presentarnos con ellas: viajes, salud, historia o economía son solo algunas de las opciones que nos presentó y desarrolló como aplicarlas juntamente a la gastronomía.
La importancia de la coherencia, mantener un tono profesional e incluso la tipografía usada generan en el receptor la sensación de confianza que queremos transmitir.
Esta clase me ayudó a definirme a mí y a mi periodismo como gastronómico y cultural:
‘Estudiar cómo los platos y prácticas culinarias tradicionales son una expresión de la historia, los valores y las influencias culturales de un grupo social.’
Obviamente toda esta información hay que transmitirla desde un punto de vista serio, comprometido y respetable, así que, al incluir en su presentación información y consejos sobre la tipografía que usar, Diana nos empujó un poco más en la decisión que debía ser tomada para llegar al media kit pertinente de cada uno.
La divulgación como medio para compartir
Parecía escrita para mí esa frase de su presentación. Es el reflejo inequívoco de mi enfoque para mi Trabajo de fin de Máster. Ver y entender un producto tradicional que refleja una gran historia, evolución y los valores que transmiten los miembros de su comunidad para mantenerlo vivo y preservarlo a través del tiempo. Ahondar en los aspectos que parecieran escondidos a simple vista y sacarlos a flote para que no sean tan secretos y más gente pueda conocer y enamorarse de tradiciones ajenas, así como lo hice yo la primera vez que el babka se cruzó en mi vida profesional. Y plasmarlo todo con el mimo y cariño con el que el babka mismo se trenza para entregarlo de la manera más atractiva posible para el público.
La brújula de la identidad, punto de retorno
En definitiva, definirnos e identificar qué tipo de periodismo queremos hacer y lo más importante, cómo presentarlo a los lectores es de suma importancia para crear la imagen de confianza y profesionalismo que es imperativa en nuestro campo de trabajo. No solo nos conferirá credibilidad como periodistas, sino también nos proporcionará una fundamental base sólida a la que podamos referirnos cada vez que nos sintamos perdidos o estancados.
Una afirmación de identidad en toda regla que nos dará esa tan buscada y perseguida ‘marca personal’ que tantos desean y muy pocos, los realmente excelentes en el campo, consiguen, no sin antes todo el trabajo y estudio invisible que llevan a sus espaldas.
