Contar la gastronomía

Carta abierta a quienes están por comenzar el Máster en Periodismo Gastronómico de la School of Travel Journalism

Por Èric Frigola

Queridas y queridos futuros alumnos,
Si están leyendo esta carta, es probable que sientan que la gastronomía les interesa por razones que no siempre saben explicar. Tal vez cocinan, tal vez escriben, tal vez investigan, o quizá simplemente intuyen que detrás de un plato hay mucho más que una receta bien ejecutada. O quizá simplemente disfruten comiendo. Yo empecé este máster desde ese mismo lugar: con preguntas más que con certezas.

Llegué al Máster en Periodismo Gastronómico con una trayectoria atravesada por varios mundos. Mi primer oficio fue el periodismo después de licenciarme en Comunicación Audiovisual. Pero mi pasión siempre fue la cocina, así que estudié Dirección de Cocina y cambié de profesión. Ávido por comprender todas las aristas de este mundo que me enamora, tras un tiempo trabajando en cocinas, decidí formarme como profesor de gastronomía. Y en ese proceso, uno de los descubrimientos más importantes fue comprender la transversalidad como una herramienta real, no como un concepto abstracto. La gastronomía no vive aislada: dialoga con la historia, la antropología, la economía, el lenguaje, el territorio, la ciencia y el arte.

Necesitaba seguir aprendiendo, seguir investigando, pero a la vez, sentía el impulso de divulgar y compartir todos esos aprendizajes. Después de pasar por redacciones y por fogones, por el trabajo manual y por el intelectual, creía saber comunicar y creía saber cocinar. Pero pronto entendí que el periodismo gastronómico no es la suma automática de ambas cosas, sino un territorio propio, con sus códigos, sus responsabilidades y sus contradicciones. El primer aprendizaje fue aceptar eso y asumir que había mucho que revisar.

Durante el máster me enfrenté a una incomodidad necesaria: cuestionar discursos que yo mismo había repetido sin demasiada reflexión. Palabras como tradición, autenticidad o excelencia empezaron a pedirme contexto. Entendí que escribir sobre gastronomía es también escribir sobre poder, sobre quién produce, quién cocina, quién comunica y quién queda fuera del relato. Que no hablar de ciertas cosas no es neutralidad, sino una forma de tomar partido. Y el periodismo gastronómico que más sentido me empezó a hacer fue aquel capaz de cruzar esas capas, no para demostrar erudición, sino para aportar profundidad. Entendí que reducir el foco no siempre significa afinar la mirada; a veces, es ampliándolo cuando el relato gana fuerza.

En ese proceso también entendí algo que me habría gustado saber al comenzar: aunque el máster esté enfocado en el periodismo gastronómico, no obliga a todos a convertirse en el mismo tipo de periodista. Las herramientas que ofrece —especialmente en comunicación y en redes— pueden activarse desde lugares muy distintos. En mi caso, más que una exploración periodística en sentido clásico, lo que me impulsaba fue una vocación de divulgación del conocimiento gastronómico. El amor por la cocina y la docencia, y la necesidad de explicar procesos, técnicas y contextos que muchas veces quedan fuera del relato mediático. El máster no me obligó a elegir entre ser cocinero o comunicador: me ayudó a encontrar un espacio donde ambas cosas podían dialogar.

No todo fue inspiración. Hubo momentos de frustración, de textos que no terminaban de funcionar, de dudas sobre el rumbo. En un ecosistema dominado por la inmediatez y la producción constante de contenido, este máster me enfrentó a algo poco habitual: la necesidad de frenar, de pensar antes de publicar, de investigar más y escribir mejor. Aprendí que un buen texto se parece más a un guiso que a un plato espectacular: necesita tiempo, capas, reposo y sentido.

Si tuviera que darles un consejo, sería este: no intenten gustar todo el tiempo. El periodismo gastronómico actual está saturado de complacencia, de listas sin contexto y de relatos que parecen comunicados de prensa. No hace falta levantar la voz para tener una. Hace falta saber por qué se escribe y desde dónde. No renuncien a lo que traen de otros ámbitos: la música, el dibujo, la ciencia, la docencia, la investigación. Todo eso también es gastronomía si saben mirarlo y contarlo.

Sobre el futuro del periodismo gastronómico, no tengo respuestas cerradas, pero sí una convicción: necesitamos menos ruido y más sentido. Menos contenido automático y más pensamiento crítico. Comunicadores capaces de interpretar la gastronomía como fenómeno cultural, no solo como producto de consumo. Personas que entiendan que un plato no se recuerda solo por su sabor, sino por la historia que lo acompaña. De los relatos obvios, sin alma, ya se encargará la IA.

Si están a punto de empezar este máster, ojalá lo vivan como un laboratorio. Un espacio para equivocarse, para afinar la mirada y para construir una voz propia, aunque no encaje del todo en los moldes existentes. Si al terminar saben escribir mejor, pero también saben por qué escriben, el viaje habrá valido la pena.

Así que aquí les dejo mi invitación. Ahora les toca a ustedes continuar el relato.
Con toda mi complicidad,

Èric Frigola

Este artículo forma parte de las prácticas realizadas por los alumnos del Máster en Periodismo de Viajes y Máster en Periodismo Gastronómico de la School of Travel Journalism.


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