“La Pornomiseria”, Ética en el periodismo de viajes

La ética de los periodistas de viajes se ve perjudicada cuando publicamos contenido de manera irresponsable. La pornomiseria representa un principal problema actual y es una tendencia en el tema de los viajes.

El periodista de viajes, con sus contenidos, camina constantemente sobre la cuerda floja de la ética esperando no caer en una trampa. La libertad en su qué hacer le da el poder de brindar información responsable sobre destinos y comunidades, como de manipularla con fines que van más allá de los informativos o educativos. 

La pornomiseria, podría decirse, es una estrategia de marketing para los creadores de contenido y periodistas aficionados. El objetivo de esta, a grandes rasgos, es aprovecharse de la pobreza o la tragedia ajena para exponerla y así atraer a la mayor cantidad de espectadores, generando morbo, lástima o indignación.

El origen

La “Pornomiseria” es un término que surge en los 70s, gracias a dos directores colombianos de la época, Luis Ospina y Carlos Mayolo. Ellos realizaron un manifiesto y a la vez presentaron “Agarrando Pueblo”, un falso documental sobre unos directores que son contratados por un canal de televisión alemán para producir un video mostrando la pobreza latinoamericana. En él podemos ver a los personajes ávidos por conseguir una toma que retrate la miseria más grande, sin importar las condiciones en las que la gente retratada se encuentra. 

A varias décadas de esta obra cinematográfica, la pornomiseria sigue haciéndose presente en los contenidos audiovisuales de artistas, pero sobre todo de influencers, periodistas y creadores de contenido en general. Con la globalización de las herramientas audiovisuales es muy fácil grabar un video y subirlo en redes sociales sin tomar en cuenta las consecuencias que este acto podría tener en la moral. 

La pornomiseria es la mercantilización de la miseria y, a la vez, una engañosa herramienta narrativa usada en el periodismo de viajes

Por ejemplo, actualmente muchos videos de viajes que circulan en youtube ocupan títulos y portadas sensacionalistas que pretenden convertirse en virales, independientemente de las consecuencias que tenga. Muchos de ellos, se hacen pasar por reportajes e intentan exponer la problemática desde una perspectiva subjetiva y poco crítica.

 Los documentales pierden esencia y autenticidad cuando el realizador captura edita, organiza imágenes sin tomar en cuenta el contexto original. ¿Cuál es la finalidad? En algunos casos, manipular información para favorecer alguna ideología, situación en particular (propaganda). En otros casos, sirve para esconder la oscuridad del mundo, lo cual genera una desconexión entre el espectador y el entorno.

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¿Cómo podemos combatir esta problemática?

La Fundación Gabo, que promueve el periodismo de excelencia y ética profesional, nos resume muchos de los códigos y documentos de investigación de ética periodística en 5 principios dados por la EJN (por sus siglas en inglés, Red de Periodismo Ético), los cuales nos podemos regir para evitar caer en la pornomiseria.

  1. Veracidad y precisión: No se puede garantizar la verdad, pero sí regirse por la exactitud o precisión como principio; 
  2. Independencia: no actuar en nombre de intereses específicos (políticos, empresariales, culturales, etc.);
  3. Equidad e Imparcialidad: presentar las historias equilibradas y con contexto, asumiendo que la objetividad no es del todo posible;
  4. Humanidad: ser consciente del impacto de nuestros contenidos;
  5. Responsabilidad: Asumir nuestra responsabilidad cuando cometamos errores y ofrecer disculpas. 

La pornomiseria no se maneja con veracidad ni precisión. Es reduccionista y equívoca, ya que la miseria de las personas no representa a las mismas ni es lo que las caracteriza. Así mismo, la pobreza no es un asunto que pueda ser expuesto como una problemática individual.

Un creador de contenido no es independiente cuando comparte este contenido con intereses mercantiles; ni al conseguir seguidores y, menos, al tratar de atraer la atención a la mayor cantidad de personas posibles.

Un contenido sin ética como en el caso de la pornomiseria no muestra todas las caras de la moneda de una persona ni ofrece un contexto para entender la realidad en la que esta vive. Al contrario, prefiere exagerar su estilo de vida, sus adversidades y presentar lo “sensacional”.

La pornomiseria no respeta la privacidad (el no divulgar sin consentimiento), no es un contenido empático (no comprende las emociones y perspectivas), ni es equitativo y expone muchos prejuicios.  

Es, así mismo,  un acto subjetivo que muchas veces se quiere mostrar como objetivo.  Un periodista en todo momento tiene que hacerse responsable de sus contenidos, sobre todo en la parte humana. 

Algunos ejemplos de contenidos de viajes que hacen uso de este recurso son:

  • Mostrar fotografías explícitas de tragedias sin contexto, como las personas que viven en estado de guerra;
  • Hacer videos de gente dando dinero a otras personas que no tienen los recursos, haciéndose pasar por modelos de vida, como los típicos videos de personas indígenas que son “apoyadas” en sus artesanías;
  • Entrevistar a personas en situación de vulnerabilidad sin profundizar ni hacer un análisis en algo que no sea su socioeconomía y editar el contenido para causar impacto emocional de lástima o vergüenza;
  • Artículos e imágenes con títulos que son despectivos o estigmatizantes como “Sobreviviendo a la zona más peligrosa de Venezuela”;
  • Usar la historia de personas para mostrar lo que hace una asociación o fundación enfocándose en lo bien que hace la organización y manteniendo los prejuicios que hay sobre los mismos. 

Ética periodística en la era digital

Como mencionamos al principio, los periodistas estamos siempre en la cuerda floja de nuestra ética. Por esa razón, pensemos dos veces antes de compartir la información de un contenido que a lo mejor se nos hace interesante o divertido pero que no tenemos idea de las repercusiones morales. 

En la clase de Metodologías del Máster en Periodismo de Viajes impartido por la School of Travel Journalism, aprendimos a diferenciar el tipo de contenido para que este sea ético y acorde a un interés periodístico y no personal. 

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