Por Ingrid Julve
Para ti:
Cuando leas estas líneas, estarás donde yo estuve hace unos meses: en la frontera entre el vértigo y el deseo, preguntándote si esto es para ti. Si estás preparado. Si vales. Si puedes. Déjame adelantarte algo: nadie llega seguro de nada. Y quien diga lo contrario, miente.
Yo llegué aquí con una mezcla de hambre y miedo. Empecé este doble máster –gastronómico y de viajes– buscando una revolución: personal y profesional. Venía con el atrevimiento de renovar oficio, de abrir una ventana después de años respirando el mismo aire, y con el deseo de poner en el centro historias que casi nadie mira.
Yo vengo de la cocina, de ese mundo hermoso que desgasta. Más de lo que se reconoce. Te roba horas de sueño, te vacía los bolsillos del tiempo, te acostumbra a vivir en modo supervivencia. Y así, sin darte cuenta, un día descubres que has perdido la capacidad de pensar despacio, de leer sin dormirte en la primera página, de encender la calma. Tenía miedo de eso: de que mi cerebro estuviera oxidado, de no estar a la altura del periodismo que admiro, de que quizá fuera tarde para empezar de nuevo. De no poder por no tener el “título correcto”.
Porque en España –y en tantos otros sitios– la titulitis funciona como una aduana: miradas que juzgan, oportunidades que se cierran, puertas que no llegan ni a abrirse. Y durante años pensé que ese era mi límite.

Estuve a punto de rendirme mil veces por eso. Por ese sistema que te grita “te falta algo”. Que sin el título correcto vas por detrás. Que tu camino vale menos aunque te haya costado el triple. Y detrás de eso hay una verdad incómoda: la educación no siempre es accesible. Ni el tiempo, ni el dinero, ni las circunstancias.
Aun así, salté. Porque las ganas son tercas, aunque las acompañen dudas que muerden.
Por eso siempre voy a estar agradecida a STJ: porque aquí no importó de dónde venía, sino qué podía construir. Porque nadie me preguntó por mis carencias, sino por mi mirada. Porque entendieron que el conocimiento no es patrimonio de nadie y que la sensibilidad también es una forma de inteligencia.
Este máster no fue un trámite: fue una recuperación. Recuperé la lectura, la concentración. Recuperé mi voz –esa que había dejado enterrada entre comandas, urgencias y desgaste–. Y descubrí que podía escribir desde lo que soy: una mujer de oficio, de intuición y de sensibilidad a prueba de golpes.
A lo largo del proceso te vas a enfrentar a cosas que no te van a gustar. Textos que no salen, ideas que se te rompen. Vas a tener días en los que pensarás: “no sirvo para esto”. Te lo digo ya: el problema no es tu capacidad; es que crecer no es un camino de rosas.
Durante el máster vas a descubrir que tus dudas también cuentan. Que tu pasado –sea cual sea– no te resta: te afila. Y eso, créeme, no se enseña en ninguna universidad.
Pero escucha: ese ha sido mi camino.
El tuyo será diferente.
Puede que quieras hablar de técnica, de creatividad. Puede que te interese el mejor chef del momento, o el destino de moda, o la foto perfecta del viaje. Y sí, también hay espacio para eso.
Lo único que no debes olvidar –vayas por donde vayas– es el origen.
La gastronomía no nació en una estrella Michelin.
Nació en un hogar. En un fogón pequeño.
En manos que cocinaban para cuidar y alimentar, sin buscar aplausos.
Toda cocina, incluso la más técnica, nace ahí: del afecto, del calor, del deseo de compartir.
Ese gesto –pequeño, íntimo, universal– de “come, que te quiero bien”.
Y lo mismo ocurre con los viajes.
Antes de ser industria, fueron camino, curiosidad, búsqueda, escucha.
No un catálogo. No un escaparate.
Por eso, antes de escribir sobre un plato o un viaje, pregúntate:
¿Cómo te conquista a ti la gastronomía?
¿Qué te revela un territorio?
¿Qué quieres defender con tus palabras?
¿A quién sirve tu historia?
¿Qué deja en quien la lee?
Si encuentras una respuesta, ya habrás empezado a hacer periodismo.
El máster terminará y entonces llegará lo más importante: tu forma de contar el mundo.
No busques la perfección, busca ser una persona que hable desde la honestidad y la valentía. Busca ser tú.
Con honestidad y con el coraje que te hará falta.
Ingrid Julve
Este artículo forma parte de las prácticas realizadas por los alumnos del Máster en Periodismo de Viajes y Máster en Periodismo Gastronómico de la School of Travel Journalism.
