Chatwin, el que caminaba y escribía

Por Kimberly Dominguez Medina

Escuchar el Master Class sobre Bruce Chatwin fue, literalmente, una experiencia que “me voló la cabeza”. Es un personaje que no tenía el gusto de conocer; fue muy revelador descubrirlo y, sobre todo, sentir a través de la pantalla la pasión con la que Isabel habla de él. Una admiración con cierto tipo de enamoramiento por su legado, que inspira a escudriñar a ese personaje que admiras y que marcó la historia del mundo.

Confieso que nunca he sido una persona interesada en documentar mis viajes a través de la escritura. Antes de cursar este máster, era de las que viajaba para descansar, conocer o simplemente salir de la rutina. Vacacionar era una excusa para apagar quién soy como maestra y como periodista durante ese periodo fuera de casa. Sin embargo, logré identificarme con su método de documentación desde otro lugar. No muchas personas lo saben, pero en los primeros meses de vida de mis hijos les creé un correo electrónico a cada uno. Les envío mensajes sobre lo que estamos viviendo: fotos, videos y audios con anécdotas, historias y experiencias de vida. Planificó entregarles esos correos cuando cumplan 21 años, para que puedan leer —no sé si como un libro— todas las vivencias de su infancia. Experiencias que tal vez no recuerden, pero que yo me estoy encargando de preservar para que las puedan atesorar.

Sin saberlo, sin conocer absolutamente nada de Chatwin, siento que escribimos con la misma pasión: él sobre los viajes y yo sobre mis hijos. Él escribía de sus travesías; yo escribo de sus vidas. Porque, al final, vivir también es un viaje. Chatwin y yo probablemente no nos cruzaríamos en lo profesional, pero definitivamente sí en la vida. Me llaman mucho la atención las personas que hablan extensamente de sus experiencias, pero no de sus vidas. ¿Qué esconden? ¿Por qué esa intriga? El hecho de que inventara lo del huevo negro para ocultar su enfermedad resulta un dato casi jocoso, pero profundamente interesante: revela a una persona que protege su realidad a toda costa.

Siento que todo lo que hizo, todo lo que se movió, caminó y viajó, fue precisamente para eso: para protegerse y no enfrentar su realidad. Realidad que según lo que relató Isabel, él no aceptaba. Su vida y que hoy estemos hablando de lo que hizo, puede que sea resultado de un rechazo a sí mismo. Solo pensarlo de esa manera nuevamente “me vuela la cabeza”.

Otra idea que resonó profundamente conmigo, nuevamente desde mi rol de mamá, fue el concepto de “La caja de Dios”. Tener en una caja los tesoros más importantes de sus viajes me parece uno de los actos más hermosos que puede hacer un viajero. En mi jornada maternal también tengo dos cajas, una por hijo, donde guardo sus primeras cosas: mi prueba de embarazo, sus primeros zapatos, su primera ropa, sus primeros dibujos. Me pregunto: ¿Cómo puedo emular a un personaje sin siquiera haberlo conocido? ¿Será que atesorar recuerdos está dentro de las necesidades básicas del ser humano?

No estoy completamente segura de si esto conecta con mi mirada sobre el viaje, porque es una mirada que, gracias a este máster, está en plena evolución. Pero sí, definitivamente conecta con el camino que estoy recorriendo en él. Como Chatwin, intenté grabar mi voz en tiempo real durante el viaje final de máster: tengo audio de mis experiencias camino a las entrevistas, durante el viaje final y en las distintas visitas realizadas como parte del máster. No creo que esas grabaciones sean publicadas, pero sí son vivencias y recuerdos que me llevaré conmigo.

Al final, quizás de eso se trata todo este proceso: de encontrar nuevas formas de narrar lo que somos y lo que vivimos. De entender que no todos los viajes se miden en kilómetros, sino en lo que dejamos guardado —en palabras, en recuerdos, en objetos— y en cómo decidimos contarlo. Tal vez nunca escriba como Chatwin, pero hoy entiendo que, a mi manera, también estoy construyendo un archivo de vida. Uno que no busca ser leído por el mundo, sino sentido por quienes algún día querrán entender de dónde vienen y quién los acompañó en el camino.

Este artículo forma parte de las prácticas realizadas por los alumnos del Máster en Periodismo de Viajes y Máster en Periodismo Gastronómico de la School of Travel Journalism.

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