Por Kimberly Domínguez Medina
Hola, saludos desde Puerto Rico. Si estás leyendo esto, probablemente estás a punto de comenzar —o ya comenzaste— un camino que te va a transformar más de lo que imaginas. No solo como estudiante, sino como profesional y como persona. Este máster no es simplemente una acumulación de clases, trabajos y entregas; es un proceso que te confronta contigo mismo.
Durante este recorrido aprendí muchas cosas, pero la más importante fue entender que ser periodista no es solo escribir bien. Yo llegué con seguridad en mi escritura, con experiencia, con una identidad bastante clara de quién era profesionalmente. Sin embargo, aquí entendí que escribir bien no basta si no sabes sostener lo que dices, si no dejas claro de dónde viene la información, si no hay intención, estructura y profundidad. Aprendí a cuestionarme, a rehacer, a dudar de mis propios textos. Aunque incomoda, ese proceso es necesario.
También enfrenté desafíos que no siempre se ven en el papel. Estudiar mientras eres mamá y tienes trabajo a tiempo completo cambia completamente la dinámica. Hay cansancio, hay culpa, hay momentos en los que sientes que no estás dando el 100% en ningún lado. Aprendí a trabajar con el tiempo que tenía, no con el que quería. A escribir de noche, a corregir entre responsabilidades, a seguir incluso cuando no tenía energía. Y en medio de todo eso, descubrí que sí se puede, pero no desde la perfección, sino desde la constancia. La constancia y la resistencia son de las palabras más bonitas que me llevo de este viaje.
Hubo dudas, muchas. Dudas sobre mi capacidad, sobre si estaba a la altura, sobre si realmente podía lograr lo que me propuse: vivir del periodismo gastronómico. Hubo momentos en los que sentí que no avanzaba, que todo lo que entregaba necesitaba correcciones, que nada era suficiente. Pero también hubo descubrimientos.

Descubrí que tengo más resistencia de la que pensaba, que mi historia importa y que mi mirada tiene valor, que es un valor que se debe pulir, pero que tiene mucho por ofrecer. Definitivamente el campus, los profesores, la apertura y los mensajes de aliento a la distancia hizo que el camino se limpiara poco a poco.
Si pudiera darme un consejo al inicio —y es el mismo que quiero darte a ti— sería este: no te compares con nadie, ni siquiera con tu versión del pasado. Quien entra hoy a este máster está construyendo una nueva versión de sí mismo. No importa si antes eras excelente, si ya tienes experiencia o si sientes que otros van más adelantados que tú. Este proceso es tuyo. Compararte solo te distrae, te desgasta y le faltas a quién vas a llegar a ser.
En cuanto al periodismo gastronómico, este máster también me obligó a mirarlo con una perspectiva más crítica. Vivimos en un momento donde la gastronomía se consume rápido, visual e inmediatamente. Redes sociales, recomendaciones superficiales, contenido que muchas veces se queda en lo estético. Y ahí está el reto: hacer periodismo en medio de ese ruido. Investigar, contextualizar, cuestionar. No romantizar todo, no quedarse en una experiencia bonita. Entender que detrás de cada plato hay historia, economía, familias,
política, seres humanos que trabajan ya sea por necesidad o por pasión, pero que al final hacen que alimentarnos sea un arte. Eso es lo que realmente le da peso a nuestro trabajo.
Me inspiró conocer historias, entrevistar personas, entender procesos. Me inspiró darme cuenta de que Puerto Rico tiene una riqueza gastronómica que va mucho más allá de lo evidente. Pero también me frustró sentir que, muchas veces, el trabajo no estaba a la altura de lo que yo quería lograr. Me frustró no tener todas las respuestas, no lograr desde el primer intento el texto que imaginaba. Sin embargo, mi inspiración como comunicadora siempre ha sido hablar de lo que todos quieren oír, pero nadie se atreve a decir.
Entre tantas cosas que cambiaron en mi persona durante el master, entiendo que la más arraigada que tengo es esa. La inspiración sigue intacta. ¿Y qué me ayudó a seguir? Recordar por qué empecé. Recordar que esto no es solo un máster, es una apuesta por mi futuro. Me ayudó a aferrarme a las oportunidades
que sí llegaron, a las puertas que sí se abrieron, a las personas que dijeron que sí. Me ayudó a entender que el proceso es parte del resultado.
Hoy no salgo con todas las respuestas, pero sí con algo más valioso: criterio, conciencia y una voz más clara. Si decides quedarte, si decides seguir incluso cuando dudes, te aseguro que algo en ti va a cambiar. Y eso, al final, es lo más importante.
Este artículo forma parte de las prácticas realizadas por los alumnos del Máster en Periodismo de Viajes y Máster en Periodismo Gastronómico de la School of Travel Journalism.
